sábado, octubre 15

Joy Division

anka zhuravleva




Toda la tarde estuvimos mirando videos de Ian bailando al ritmo de la epilepsia. Un viaje al pasado nada costoso. Me da envidia su guitarra que estuvo tan cerca de su pecho mientras cantaba. Casi se comía el micrófono y cerraba los ojos no sé para qué. No quiero manchar ese gesto con hipotesis burdas y cursis sobre su manía de cerrar los ojos. Yo a veces los cierro cuando camino, como un simulacro de sueño, como una ayuda para poder equivocarme. No aprende el que nunca se equivoca. Y yo quiero aprender. Salí a tomar un poco de aire fresco.

Escuchar a Joy me pone de un modo que me asusta. Demasiado sentimental, demasiado todo. Me da miedo esa yo, por que sé que si me quedo en ese estado podría saltar de un tercer piso sin problemas. Sólo son tres pasos para visitar el fondo de nuestro abismo. El mio lo visito poco, si no, ya estaria tres metros bajo tierra. Es peligroso ese estado de pasión, de locura, de sensibilidad. Es una pequeña muerte, una quemadura que sabe dulce. Y aun asi me gusta visitar ese abismo quemante. Sé que si lo llenara de cosas vanas ya no podría escribir más. Prefiero estar encerrada en un hospital psiquiátrico que en un lujoso hotel. En el segundo hay gente rara.


No hay comentarios: