Estamos a 26 de Marzo del 2011. Así es. Escribo en un diario que todavía no empiezo, oyendo un tango de alguien que no conozco. Voy a cumplir 20 años. Como siempre, tengo sentimientos encontrados, como en esos problemas de física en donde tienes que calcular sádicamente en cuánto tiempo dos trenes se partirán o no su madre... a mi pasado y a mi futuro les falta, pero no sé variables y constantes usar para saber el día..
Un día alguien que admiro me dijo que el tiempo no existe. Está ahí y ya ¿vale?. Nosotros, somos los monos minúsculos y solitarios los que lo prefabricamos y pasteurizamos desde nuestra egocéntrica paranoia primática (viene de primate, de Darwin claro), y partiendo de esto, concluyo que yo soy el tiempo, mi propio tiempo.
La verdad nunca me han gustado los cumpleaños, ni por los regalos porque me dan igual, soy la misma con o sin ellos, bah. No me siento tan orgullosa como para que me celebren, bueno sí, pero no tanto como para que festejen que haya nacido (el egocentrismo de nuevo, primata!). ¿He descubierto la cura del cáncer? No. ¿He inventado el hilo tibio y el agua negra? No. ¿Entonces?
Es sólo cursilería esto del cumpleaños.
Cuando tenía 15 decía que iba a morir a los 27, como mis ídolos.. creo que desde entonces ya sabía lo que me esperaba, una predicción de lo que es la decadencia de la infancia. Un postmortem de imaginación y asombro, ya sabes, siempre me voy al drama.
Pero no ha sido del todo así, salvo por los cumpleaños, granos de arena que llenan el vacío no estaría consciente de lo que es el tiempo ni de lo que tengo que sentir y ver ahora, hablemos de lo correcto y lo real no, es mi propia cuenta regresiva lo que importa, un látigo que me hace despertar y apresurarme a despellejar las pretensiones y las cenizas. Quiero incendios.
¿Ves? No era tan difícil.. somos el tiempo..
Hoy, es 26 de Marzo...
¿y después?
imagen: Mike Worall

