jueves, enero 27

(Eres más rápida incluso que la velocidad del obturador, pero tus ojos se abren y cierran en un momento inútil, casi patético, intentando obviamente salvarte del ahogo de meter la pata hasta el fondo de la mierda. En ese momento debí de haberme reído a carcajadas por dentro. Ni siquiera pude disimular. Me preguntó qué era tan gracioso. Nada, dije. Sólo descubrí que tengo el remote control. Que puedo hacer jaque a la reina cuando se me antoje. Desde lejos, desde lo oscurito, donde no sabrá de dónde le vino el golpe.)

La voz taciturna aplastó sus pensamientos anunciando Estación: Bellas Artes. Desconectarse era su deporte favorito. Cuando te quedas callada y quietecita te ves como asesina en serie pensando en su próxima víctima. Sí, y a lo mejor eres tú, respondió con el humo de uno de sus Malboro encendido. Ese día fueron a comprarla, costaba a peso el gramo, nada tan caro pero ni tan aburrido. Le pidió a Nancy su departamento y en seguida ya estaban pachecos escuchando a todo volumen la discografía de The Cure, disfrutando del morbo de lo que es hacer el amor en cama de una persona ajena, pero que conoces, y disfrutando del morbo de hacer el amor con alguien que conoces pero pensando en ajenos.

(¿Qué haces con esos cabos sin atar? Con esas historias que les remedaste no sé cuantos finales para poder dormir tranquila, escapándote de ti misma tratando de ser otra, inventándote nombres, diálogos, y demás recursos para poder salir viva de lo que tú llamas vacío, que ella llama pasado.)

Era patético por no decir idiota que estuviera planeando algo tan fútil después de tantos años de no verla. Pero el placer de tan sólo imaginar separarla de su realidad tan frágil que le había costado tanto construir, después de incendios que había sufrido, la hacían ansiar con más ganas plantear sus estrategias para verla caer en lo más hondo.

1 comentario:

Sir Sabbhat dijo...

es dulce, porque es crudo y real, tiene la pasión de la nostalgia y la fuerza de la vida, me gusta